Ósmosis (Náutica)

Llegando por sorpresa hace unos años, cuando comenzaron a construirse barcos de poliéster en cadena, la ósmosis atacaba los cascos que flotaban y navegaban. Entre sus causas, malas condiciones de trabajo, un medio hostil que sometía a los cascos al contacto constante con la humedad y las temperaturas extremas sin excesivo control y la aplicación fallida de resinas y telas. Defectos y condiciones que han variado, se han sometido a un cierto control e incluso han mejorado, para hacer posible una construcción en resinas y tejidos sintéticos correcta y fiable. Pero la ósmosis sigue existiendo, aunque sea una enfermedad curable.

El proceso de ósmosis consiste en un fenómeno físico que reúne tres factores en juego: una membrana semipermeable, un líquido poco concentrado y otro más concentrado. Las concentraciones tienden a igualarse, es decir, el líquido menos concentrado va a pasar a través de la membrana para diluir el más concentrado. El líquido con poca concentración será el agua de mar, o el agua dulce si navegamos habitualmente en un lago o río, y el líquido más concentrado será el resultado de la hidrólisis de la resina en el estratificado, que no existe en un principio y que es condición imprescindible para que aparezca la ósmosis. Cuanto mayor sea la diferencia de concentración entre los dos líquidos, mayor será la presión osmótica, más grave la “enfermedad” y más difícil la “curación”. Respecto a la membrana, ésta debe ser semipermeable, es decir, permeable a un disolvente (el agua) e impermeable a las soluciones (sales), pero no nos referimos a las sales de mar, sino a aquellas resultado del ataque de un ácido (ácido+base=sal+agua). Y la membrana debe ser semipermeable o prácticamente impermeable, ya que si fuera totalmente impermeable no se produciría la ósmosis, mientras que, si fuese muy permeable o poco estanca, favorecería la hidrólisis de la resina, que es igual de grave. De esta manera, el transporte de disolvente se genera por una diferencia en la concentración de solutos, aunque también puede deberse a pequeñas partículas orgánicas o minerales solubles en agua, a uno u otro lado de la membrana; en estas circunstancias, el flujo de agua tiende a equilibrar las concentraciones de los dos lados. El aporte de agua en el lado de mayor concentración, que tiende a la dilución, crea una presión sobre la membrana que se denomina presión osmótica. Ésta es también la responsable de regir los flujos de agua y, por tanto, la concentración de solutos intracelulares en los seres vivos, a la vez que permite el transporte de agua en plantas y árboles, incluso a considerable altura, por medio de un bombeo osmótico. Por otro lado, si se aplica una fuerza mecánica que se oponga al flujo de agua a través de la membrana, invirtiendo el flujo del disolvente, se produce la ósmosis inversa, que purifica el agua y es la base de las desalinizadoras, que nos permiten obtener agua dulce del agua de mar.

Ósmosis

En el caso de los barcos de poliéster estratificado, es el gelcoat el que hace de membrana. El proceso de degradación de este gelcoat, encargado de separar las fibras y resinas del agua exterior, puede dividirse en dos etapas: una primera, reversible y que no supone un daño grave ya que no hay ruptura de las uniones intermoleculares, y una segunda, irreversible y cuyos daños implican una degradación irreparable, con la aparición de la hidrólisis y de la ósmosis en sí misma.

Vistos los principios físicos de la ósmosis, hay más cosas que explicar. Primero, que los armadores de barcos de “plástico” deben comprobar periódicamente que no existe ósmosis, y, para ello, deberán saber cuáles son los síntomas preocupantes, las famosas ampollas. Pero no todas las ampollas que surgen en el casco de un barco tienen este origen; aquellas sintomáticas de la ósmosis se caracterizan por su olor a vinagre al romperlas y por estar llenas de un líquido viscoso y pegajoso. Si no desprenden olor y son duras, no es ósmosis, aunque nunca está de más el consejo de un técnico para acabar de descartarla y solucionar el problema que tengamos. En este sentido, si sólo se trata de sanear algunas ampollas o una zona concreta de la obra viva, lo podemos hacer nosotros mismos, pero, si la zona es más amplia, se debe dejar en manos de especialistas.




Autor: | Categoría(s): Náutica

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